La habilidad que estamos perdiendo en silencio

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¿Te pasa que experimentás ansiedad y no podés estar sentado mucho tiempo sin sentir la necesidad de moverte para hacer algo? Te tomás un colectivo y ves a todos inmersos en sus pantallas; ya nadie mira por la ventana. No es una película futurista de ficción, es la realidad cotidiana.

Te juntás con tu familia a comer y más de uno se apresura para terminar y agarrar el celular, o incluso hay tablets sobre la mesa. Se siente tan natural que ya casi nadie lo cuestiona.

Pero, ¿qué puede tener de malo algo tan sencillo como matar el aburrimiento?

Te quita la capacidad de pensar. Te vuelve dependiente, más ansioso y más necesitado de novedad constante. Alimentás a tu cerebro con dopamina barata para sentir un alivio rápido y regular tus emociones. Es un proceso tan imperceptible que, al repetirlo todos los días, reforzás ese cableado mental hasta volverlo robusto. Entonces, cada vez que aparece la mínima incomodidad del vacío, una nueva notificación, un video corto o una noticia silencian ese instante.

El aburrimiento no es un problema que debas solucionar; es el espacio donde nace tu próxima gran idea.

Somos nuestro peor enemigo

Nosotros mismos somos quienes le escapamos a la realidad. ¿Por qué la vida debería ser constantemente un carrusel de emociones artificiales? ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que un viaje en colectivo puede ser una práctica de pura observación, o que el momento de tomar una infusión puede ser un espacio contemplativo?

Acordate de la última vez que te enfermaste y tuviste que estar una semana en cama. En esos días de reposo obligado, seguro experimentaste una necesidad desesperada de hacer mil cosas: querías curarte ya mismo para ponerte con ese nuevo proyecto o volver a entrenar en el gimnasio. Tu mente, al verse privada de estímulos, acumuló una energía tremenda.

Ese es el secreto: el aburrimiento es una herramienta de alta potencia que podés usar para avanzar en tu vida.

La práctica olvidada

Te prometo que si ponés en práctica lo que vas a leer a continuación, vas a eliminar más de una tarea pendiente que venís postergando. Vas a empezar a llevar tu vida en la dirección que realmente querés, en lugar de seguir corriendo detrás de “luces de colores”. Esto solo requiere de 10 minutos diarios y de darte la oportunidad de observar.

La idea no es que hagas nada místico. No tenés que meditar, ni controlar la respiración, ni nada parecido; solo permitite estar presente sin la necesidad de escapar del momento. Sentate y aburrite. Observá lo que hay a tu alrededor en esos 10 minutos, experimentá la incomodidad inicial y dejá pasar el tiempo. Al principio te va a parecer eterno, pero con la práctica constante lo vas a empezar a disfrutar y vas a ver el potencial oculto de este ejercicio tan sencillo.

¿Qué va a pasar? Te vas a volver mucho más creativo. Tu cerebro, al no recibir entretenimiento externo, va a buscar un escape propio y se va a poner a pensar en soluciones, ideas o proyectos. Vas a valorar mucho más tu tiempo. Cuando termines esos 10 minutos de ayuno de estímulos, vas a sentir la misma energía de cuando salías del reposo médico: vas a querer salir a comerte el mundo. Vas a experimentar un progreso real, aunque a los ojos del resto parezcas un bicho raro.

Toma acción hoy

Diseñá tu espacio de aburrimiento estratégico con este sistema:

  1. Agendá un horario: Elegí un momento del día para apagar las pantallas y los estímulos externos por completo.
  2. Hacé absolutamente nada: Buscá un lugar cómodo para sentarte y quedate ahí durante 10 minutos a reloj. Soportá la urgencia de revisar el teléfono.
  3. Invertí tu energía: Al terminar el tiempo, elegí conscientemente en qué tarea importante vas a invertir los siguientes 10 minutos de tu vida. La fuerza de enfoque que vas a tener te va a sorprender.

Dejar que la mente se aburra es recuperar el control de tu atención.

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Un saludo, Orgaz Hernán.

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